“Para el Gobierno primero está el capital y luego el resguardo de las vidas”

 

 

 

 

 

Lautaro Carmona, secretario general del Partido Comunista, analiza rol de distintos actores políticos y sociales, y la coyuntura en medio de la crisis sanitaria.

Ana María Olivares. Periodista. 26/03/2020. ¿Cómo califica la actuación del gobierno y el oficialismo en esta crisis sanitaria?

Para ubicar correctamente la posición que ha tenido cada sector político por esta pandemia en nuestro país, hay  que mencionar algo que la hace más seria y grave: es la existencia de un modelo neoliberal, modelo que define las políticas públicas respecto a cuál es el espacio que ese Estado quiere dejarle al sector privado.

De esta forma, si bien la experiencia mundial señala que hoy necesitamos una cuarentena estricta, simultánea y drástica, que permita proteger a la población y evaluar la trayectoria de la epidemia, los empresarios han  caminado en sentido contrario, empujado a multiplicar la extensión del contagio, al no diferir horarios y generar atochamiento del transporte público, desprotección de licencias -hasta hace un día- a los que debían hacer cuarentena; y las malas condiciones higiénicas en el trabajo. Y el Gobierno, más que proteger al empleo, protege al empleador y la empresa, primero está el capital y luego los derechos de las personas y el resguardo de sus vidas.

Además, el gobierno y la derecha tienen otro punto débil, y es que no integran a la población organizada en sindicatos, Juntas de Vecinos y otros, para que sean parte de las mesas sociales y puedan ser parte de las propuestas para tener decisiones más acertadas. Es impresentable que se quiera remitir la mirada de los trabajadores de la salud sólo al Colegio Médico, hay gremios -incluso de usuarios de la salud pública- que tienen una sabiduría a propósito de la experiencia de años.

Hoy el Estado debería subordinar una serie de estructuras, partiendo por las clínicas privadas, pero siguiendo también con el Espacio Riesco, por ejemplo. Nadie podría suponer que sus dueños han dejado de ganar porque no han podido realizar tal o cual seminario o exposición al albergar un recinto hospitalario; sin embargo, el ocio de ese espacio tiene garantizado el privilegio millonario por arriendo, así se use o no. De esta forma, vemos un ejemplo concreto de cómo -para enfrentar la crisis- se está haciendo negocio por parte de algunos.

Necesitamos una política donde empresas claves como CODELCO, ENAMI o ENAP, donde hay presencia del Estado, capitalicen y pongan en acción una reactivación económica porque, si no atendemos el resguardo de ingresos por la vía de puestos de trabajo de las personas, no tendremos demanda y será este cercenar de los derechos frente al trabajo y la falta de ingresos un factor que hunda aún más a la economía. Sin embargo, si jugamos un papel activo creando empleos, pagando salarios justos, estamos construyendo una demanda que será muy reactivadora a la economía en el proceso de superación de esta pandemia.

A todo lo anterior, sumamos que hay sectores que tienen cierta distancia a medidas que puedan significar cuestionamientos que, posteriormente, le den solidez a la necesidad de cambios institucionales en la Constitución. Sin embargo, después de esta pandemia serán millones los que sentirán la falta de una institucionalidad capaz de responder por todas y todos, especialmente en catástrofes como ésta, y que no tenga privilegios para minorías respecto a necesidades y demandas de las mayorías.

¿Cómo evalúa la posición de los partidos de la antigua Concertación en torno a las medidas del gobierno?

Creo que les ha faltado una definición clara y categórica. Una fiscalización, sin relativismo, acerca de presionar con que se cumpla ahora y ya la cuarentena para todas y todos los trabajadores. Siento una posición débil en exigencias, por ejemplo en el control de precios a productos de primera necesidad, que incluyan los elementos de higiene y sanitarios de una familia; una crítica directa y dura de por qué el test que mide la posibilidad de tener covid-19 tiene que tener un precio, que se fijó como el máximo que cobra Fonasa. Eso puede tener sentido en tiempos normales, pero es de conocimiento público que por ahí pasa la vida o la muerte de una persona y el probable contagio a su familia, y es el Estado el que debe poner el dinero que supuestamente cuesta ese test. El acceso gratuito es lo más importante hoy y no veo en eso jugando un papel desafiante al legislativo sobre las decisiones que toma el ejecutivo, particularmente, el ministro (Jaime) Mañalich y Sebastián Piñera. Hoy falta una oposición más categórica.

¿Estas diferencias en el tratamiento del Gobierno a los distintos sectores afectados por la epidemia podrían provocar un segundo estallido social aún más fuerte, como plantean algunos?

No tengo ninguna duda, porque el estallido, verdadera rebelión social que hemos vivido, no nace de un contubernio, de una conspiración, de una idea violentista ni de alguien desquiciado. No,  fue y es la manifestación de millones, en forma muy distinta en unos y otras, desde la música y la poesía hasta la primera línea, cada uno en lo propio, cuestionando el modelo de desigualdad, un modelo de discriminación.

Por otro lado, tenemos un gobierno haciendo frente a esta pandemia resguardando primero al capital y, por consiguiente, vemos cómo son las empresas para las que hay todo tipo de consideraciones pues “son ellas las que crean el empleo”. De esa forma, las empresas han relativizado sus obligaciones con el trabajador y van a desafectar a muchos otros trabajadores como ya lo han hecho; van a bajar los salarios y van a crear una condición de injusticia social, de explotación sobre la masa laboral, que va a ser el argumento sólido y objetivo para que exista un incremento cualitativo de posiciones que va a vincular ésto con conquistar posiciones en la constituyente para cambiar este modelo.

En ese sentido, ¿qué se puede proyectar con el cambio de fecha del plebiscito y las municipales?

El gobierno está apostando que este tiempo de cuarentena, toques de queda y de copamiento en los medios de TV, jueguen a que la gente se olvide de las demandas estructurales y de fondo, y la vinculación de éstas con la nueva constitución. Están apostando a la desmovilización y ganar puntos por el grado de exposición y de conocimiento de los ministros. Sin embargo, no se trata de campañas. Para que reventara este país el 18/O no se necesitó campaña, es como dijo la gente: “no son 30 pesos, son 30 años”, simbolizando la sobrevivencia en un modelo forjado en dictadura y, por otro, representando a quienes fueron estafados con ilusiones de cambio.

Hoy se instala con fuerza la idea de construir un nuevo modelo de desarrollo, cada día son más los que apuestan a que esa es la salida de fondo a esta crisis. Hay quienes creen que se puede manipular a la gente haciendo una errada interpretación de sus demandas, disminuyendo la inteligencia y sabiduría que hay detrás de esta explosión social, pero sólo se superará esta crisis toda vez que se cumpla la máxima: hasta que la dignidad se haga costumbre. Y la dignidad tiene que ver con estos hechos, con que los seres humanos deben exigir vivir en condiciones de seres humanos.

¿Cuál es el rol del Partido Comunista en este período?

Primero tenemos un rol por la presencia en los espacios institucionales como es el Parlamento, los consejos regionales, los municipios, que tienen representatividad de lo que es la soberanía ciudadana. Otro rol es la identidad, por su presencia y pertenencia al mundo social, especialmente el mundo de los trabajadores y trabajadoras, en los sindicatos; así también en diversos organismos sociales así como en los pueblos originarios. Y también tenemos un rol articulador con otras corrientes y fuerzas políticas  para abordar los temas que a nuestro juicio están en la centralidad de los problemas, y ahí está el papel que juega la coalición a la que pertenecemos, Unidad para el Cambio. Yo valoro que hayamos sido capaces de entregar un planteamiento dirigido a Piñera con una serie de medidas urgentes en las primeras horas de la llegada del covid-19 a Chile, incluso varias de las medidas que ha anunciado Piñera están en ese documento que entregamos.

Como Partido tenemos una tarea siempre presente y es entender atender el drama que viven las chilenas y los chilenos, el drama que viven mayorías abrumadoras en nuestra sociedad y, por eso, es que vamos a encontrar a los comunistas en los organismos de base de los vecindarios hasta en los sindicatos,  bregando por una plataforma que incluye una canasta básica garantizada bajo un control de precios y el no pago de las deudas de servicios básicos. Debemos preguntarnos cuál sería la situación que vivirían los hogares que no estén en condiciones de pagar estos servicios básicos, como el agua y la electricidad, y se los cortaran, ¡sería una monstruosidad!.

Nosotros somos partidarios que se prorroguen y posterguen todos los pagos sin que medien las tasas de interés ni represalias económicas. Créditos blandos de parte de los bancos, porque sería inhumano que ellos se aprovecharan de esta condición, donde va a crecer la demanda por créditos. Debe haber tasa de interés 0%  para créditos vinculados a la vida regular de la gente y eso se puede precisar perfectamente.

Se requiere también la protección del Estado a los ingresos de los trabajadores, pensando incluso en los trabajadores informales que son más del 30% de la masa laboral que están desprotegidos, necesitamos un subsidio que sostenga los ingresos de este sector.

Algunos pensarán en el gasto y cómo financiar lo que proponemos. El primer ingreso del fisco hoy es el IVA, el impuesto que todos pagamos con cada compra que hacemos y eso es lejos financiado por los sectores pobres de nuestro país que no pueden ahorrar nada. Frente a esta realidad,  planteamos que estas medidas deben financiarse con un impuesto a los ricos. Esto se debe instalar como debate en el parlamento y en la sociedad, pues no hay una ética sostenible en la actividad económica del país que no sea que los multimillonarios paguen un impuesto que financie una situación de emergencia -no recurrente- como es esta pandemia que hoy afecta a nuestro país.

Y respecto a los militantes, ¿cuál es el rol que tienen hoy?

La militancia de nuestro Partido y las JJCC siempre está comprometida con las tareas propias de solidaridad y ésta es una ocasión más de ello, ya sea con sus vecinos, con los adultos mayores que viven en soledad, asistiendo toda vez que hayan brigadas de salud voluntarias que pueden amortiguar alguna espera de atención por sobre lo necesario. Pero también acogiendo y multiplicando las denuncias y las exigencias a través de las redes sociales, que se ha convertido en la expresión más democrática de las comunicaciones frente a los medios masivos.

Nuestra militancia se va abocar con toda la energía a trabajar por las demandas de justicia social sin descuidar nuestras obligaciones familiares y el esfuerzo sanitario que eso implica. Hoy son muchas las iniciativas que de verdad conmueven y son la demostración que sí se puede seguir activamente en política aún en situaciones como ésta.  Y una de esas son los caceroleos de los días viernes, el caceroleo de la dignidad, que debiera ser a la hora que comienza el toque de queda y demuestran que la gente, aún en reclusión, se moviliza.

En estos momentos tenemos la habilidad y la creatividad para ser contribuyentes en la construcción de una opinión pública que esté fiscalizando las acciones que mercantilicen el tratamiento de la crisis y entregando también una inyección de estado de ánimo que es el ejemplo que siempre ha demostrado nuestro pueblo. Después que superemos esta pandemia, será el momento de analizar cuáles son las medidas que debemos asociar con un nuevo modelo de desarrollo para Chile. Instalar esta preocupación en el debate público implicará avanzar a un Estado que surja fortalecido y allí surge otra máxima: Más Estado y Menos Mercado.

 

FUENTE: EL SIGLO