Boric

Deberá asumir desde hoy la necesidad de integrar plenamente, con la mayor amplitud y sin exclusiones como bien hizo en su campaña, a todas las fuerzas que se comprometan a la realización de estas reformas necesarias.

Manuel Riesco. Economista. Santiago. 19/07/2021. Gabriel Boric y el Frente Amplio han recibido el mandato ciudadano contundente de encabezar Apruebo Dignidad, la fuerza política que las primarias presidenciales han confirmado como la primera del país. Junto a Daniel Jadue, quien encabezó a Chile Digno en la conformación de esta fuerza política y la ha reafirmado abrazando de inmediato y sin ambages al vencedor de esta jornada, merecen el reconocimiento y cariño del pueblo que, con su masiva participación en otra jornada democrática impecable, depositó en ellos su confianza para conducirlo a realizar las reformas necesarias, con la amplitud y determinación de Salvador Allende.

La derecha, por su parte, consciente de su relativa debilidad electoral que el resultado de la primaria ha confirmado, ha minimizado el riesgo de concurrir a una derrota casi segura frente a la coalición de izquierda en segunda vuelta presidencial, eligiendo para representarla en primera vuelta a su candidato más débil, dejando así el paso libre a una probable candidatura de centro.

El centro político, por su parte, cuya debilidad de tercera fuerza ha quedado en evidencia al no lograr siquiera competir en estas primarias, seguramente se reagrupará en los próximos días tras la figura de la senadora Yasna Provoste que, con el probable apoyo más o menos encubierto de la derecha, se alza con posibilidades de enfrentar a la izquierda en segunda vuelta presidencial.

De este modo, tras las primarias, la primera vuelta presidencial ha quedado más o menos resuelta en lo principal, aunque probablemente concurrirán allí varias candidaturas más, incluyendo al menos una por la izquierda de Apruebo Dignidad y, por otra parte, el golpismo fascista, además de varias otras que representan sensibilidades particulares.

El cuadro electoral descrito, junto a la notable instalación de la Convención Constitucional, reviven la tradición política que distingue a Chile en el mundo entero y enaltece a su sistema político, que casi siempre ha demostrado ser capaz de encauzar de forma democrática las sucesivas irrupciones masivas del pueblo en política, incluyendo revoluciones hechas y derechas.

Ésta es la cuestión principal para todos. Comprender y aceptar que la historia cursa impulsada por la confrontación constante entre el pueblo trabajador y las élites, en la cual los de abajo irrumpen periódicamente en escena para hacerse respetar, establecer un sano equilibrio de fuerzas y empujar a los de arriba a resolver las constantes pugnas en su interior a favor de  las fracciones dispuestas a realizar las reformas necesarias que en cada momento se requieren para asegurar el continuado progreso de la  sociedad. En las palabras clásicas, comprender que la historia es la historia de la lucha de clases.

Como el pueblo de Chile comprendió dolorosamente durante el medio siglo reciente en que perdió la ingenuidad, dicho progreso no excluye retrocesos brutales, en que las facciones más reaccionarias de las élites logran imponerse por la fuerza bruta y la corrupción. Pero aprendió asimismo a enfrentarlos en todos los terrenos y, como los acontecimientos posteriores al 18-O lo confirman, que dichos retrocesos son transitorios y más temprano o más tarde, las sociedades recuperan su interrumpida senda de progreso.

Para lograr encauzar la irrupción popular en curso,  por  lo tanto, el sistema político necesariamente debe realizar las reformas necesarias en el momento actual, que no son otras que acabar con los abusos y distorsiones que se establecieron con la  restauración oligárquica del 11 de septiembre de 1973.

Ello significa atender debidamente las demandas y exigencias que se manifiestan desde todos los géneros y ámbitos, desde todas las regiones y naciones, que conforman nuestro pueblo alzado. Desde el punto de vista económico, ello significa principalmente imponer el respeto sagrado a los salarios, los que nunca más deben desviarse a financiar negocios de empresarios sino destinarse exclusiva, inmediata y directamente a solventar una vida digna del pueblo trabajador, incluidos sus viejos. Por otra parte, recuperar la soberanía y control exclusivo del nuevo Estado plurinacional y paritario sobre el cobre y los bienes comunes, para cuidarlos y reorientar la economía desde el rentismo extractivista hacia la generación de valor agregado. Ni más ni menos.

Dichas reformas son una necesidad objetiva y deben ser asumidas y realizadas a cabalidad, por la fuerza política capaz de encabezar el proceso revolucionario en marcha. Desde luego por la izquierda unida desde hoy encabezada por Gabriel Boric, que tiene la primera opción en la elección presidencial y parlamentaria venideras. Pero asimismo por la eventual candidatura de centro en gestación. Si ninguna de ellas lo hace, surgirán otras fuerzas políticas que las desplazarán en la conducción de esta tarea indispensable.

Por añadidura, la candidatura de Gabriel Boric deberá asumir desde hoy la necesidad de integrar plenamente, con la mayor amplitud y sin exclusiones como bien hizo en su campaña, a todas las fuerzas que se comprometan a la realización de estas reformas necesarias. Por su parte, la candidatura de centro en gestación sabe asimismo que si tiene alguna opción de ganar las elecciones presidenciales con el apoyo de la derecha, no puede realizar las reformas necesarias con el apoyo de la derecha ni menos con  sus propias fuerzas hoy muy menguadas. En la eventualidad de ganar, para cumplir ese papel histórico deberá apoyarse e integrar plenamente a la izquierda y asumir su programa.

En otras palabras, sea que en segunda vuelta triunfe Boric o la eventual candidatura de centro, su gobierno será de “unidad política y social del pueblo”, como alguna vez dijo Radomiro Tomic.