Hoy Víctor Jara es un símbolo del canto popular, del compromiso social de los cantautores, de la dignidad y resistencia ante la dictadura y sus canciones son entonadas y conocidas por generaciones de jóvenes.
«El Siglo». Santiago. 16/09/2026. Uno de los crímenes más alevosos e incomprensibles cometidos por oficiales y soldados del Ejército en 1973, fue el del cantautor popular Víctor Jara Martínez, asesinado el 16 de septiembre, cuando tenía 40 años de edad, después de sufrir atroces torturas. El artista fue detenido en la Universidad Técnica del Estado (UTE) el 11 de septiembre, el día del Golpe de Estado, llevado esa tarde al Estadio Chile (que en la actualidad tiene su nombre) donde fue asesinado.
A su homicidio está vinculada la ejecución de Littré Quiroga Carvajal –Director General del Servicio de Prisiones durante el Gobierno de la Unidad Popular- también a manos de integrantes del Ejército. Después de un largo proceso judicial, el ministro en visita de la Corte de Apelaciones, Miguel Vásquez, procesó y condenó a nuevo integrantes del Ejército por esos crímenes: Hugo Sánchez Marmonti, Raúl Jofré González, Edwin Dimter Bianchi, Nelson Haase Mazzei, Ernesto Bethke Wulf, Juan Jara Quintana, Hernán Chacón Soto, Patricio Vásquez Donoso y Rolando Melo Silva.
Pedro Barrientos, responsable del asesinato del artista, perdió su ciudadanía estadounidense en 2023 tras comprobarse que mintió al solicitar su residencia, lo que permitió su expulsión a Chile el 30 de noviembre de ese año. En 2016, un jurado civil en Orlando, Florida, ya lo había declarado unánimemente responsable de torturar y asesinar a Víctor Jara tras una demanda presentada por su familia. Tras su llegada a Chile la justicia, a través de la ministra en visita Paola Plaza, dictó acusación en su contra como autor de secuestro y homicidio calificado.
De acuerdo a la investigación judicial y varios testimonios de estudiantes, profesores y detenidos, la UTE fue sitiada y atacada por uniformados del Regimiento Arica, de La Serena, al tiempo que recibió impactos de alto calibre desde helicópteros. Se señala al Capitán Marcelo Moren Brito, a cargo del operativo; este oficial estuvo vinculado a diversos casos de violaciones a los derechos humanos.
A estudiantes, profesores y trabajadores de la Universidad se les impidió retirarse a sus hogares -algunos lo pudieron hacer en las primeras horas de la mañana o lograron escabullirse- y se les mantuvo “en el suelo con las manos en la nuca y luego (fueron) trasladadas en diversos buses hasta el entonces Estadio Chile, encontrándose, entre los docentes aprehendidos, el cantante popular, profesor e investigador de dicha Universidad, Víctor Lidio Jara Martínez, el que al entrar al Estadio Chile con el referido grupo de detenidos, fue reconocido de inmediato por el personal militar que se ubicaba en el acceso al recinto, siendo agredido verbal y físicamente desde su llegada, para ser temporalmente ubicado en el sector de las graderías, junto a las personas detenidas en esa casa de estudios, sin formulársele cargo alguno”.
¿Delito de Víctor Jara? Ninguno. Solo ser un cantante popular, militante del Partido Comunista, creador cultural. En definitiva, y contrario a lo sostenido por militares y gente de la derecha, al cantautor, como a muchos otros ciudadanos, se le detuvo y luego asesinó por sus ideas. En redacción judicial, se anotó que todo lo ocurrido en torno del cantante y otros detenidos, se dio en el marco de decisiones de oficiales del Ejército “sin orden judicial de ninguna naturaleza…no teniendo facultad legal alguna para ello, sin haberse dejado constancia de la identidad de los detenidos, fecha y circunstancias de su detención, motivos y cargos que se les imputaban a los mismos, autoridad que la ordenó y de dónde provenían”.
Tortura y asesinato
Entre la tarde del 11 de septiembre y los días posteriores hasta el 16, muchos de los detenidos, entre ellos Víctor Jara, fueron hostigados y torturados salvajemente. Él fue separado del resto de detenidos y llevado a una pieza donde oficiales y soldados se ensañaron en insultos, golpes en el rostro y abdomen, culatazos, heridas en sus manos, aludiendo sobre todo a su participación como cantante y creador en actividades populares, eventos artísticos, el apoyo el Gobierno que encabezó Salvador Allende, y ser militante comunista.
A pesar de que circularon distintas versiones (como que un oficial habría aplicado “el juego” de la ruleta rusa con una pistola en la cabeza del cantante, hasta que lo mató) en definitiva se supo que Víctor Jara fue acribillado recibiendo 44 impactos de bala. Los militares no daban la cara sobre sus crímenes, y subrepticiamente sacaron su cuerpo del Estadio Chile y lo arrojaron en una zona baldía alrededor del Cementerio Metropolitano, en la zona norte de Santiago, por donde pasaba una vía del tren.
Un informe indicó que en el caso de Jara y Quiroga presentaban “diversos hematomas y signos inequívocos de haber recibido fuertes golpes y los múltiples impactos de bala que se detallaron en los respectivos informes de autopsia, siendo llevados en las horas siguientes al entonces Instituto Médico Legal, en denuncias previamente efectuadas por Carabineros, lugar donde, a consecuencia de la directa y fortuita intervención de terceros, pudieron ser identificados, permitiendo a sus familiares más cercanos concurrir a dicha repartición y obtener la entrega de sus cadáveres, para su posterior inhumación”.
En ello tuvo que asumir una situación dolorosa y tremenda la viuda de Víctor, la bailarina y artista, Joan Jara, madre de Manuela y Amanda, la familia más cerca del cantautor. Ella junto a amigos y compañeros tuvo que asumir todo lo relacionado con el retiro del cadáver y sepultura de Víctor, en medio de una cruenta represión y persecución. La prensa conservadora ocultó todo el episodio.
Por la canción popular
Víctor Jara fue uno de los protagonistas principales de la “canción de protesta” o de contenido social y popular, y representante genuino de la Nueva Canción chilena, junto a otros intérpretes como Violeta Parra, Patricio Manns y los conjuntos Inti-Illimani y Quilapayún, con un amplio reconocimiento internacional. Además hizo teatro y organizó actividades masivas y culturales como la del Estadio Nacional con motivo del 7° Congreso de las Juventudes Comunistas.
En una entrevista contó que “yo nací en el sur de Chile, en la provincia de Ñuble, es una provincia muy lluviosa y también sacudida por terremotos. Mis padres eran inquilinos de un fundo y mi madre fue la que me estimuló en la música porque ella cantaba, en la casa siempre había una guitarra. Más adelante, cuando yo contaba con unos 12 años y por razones de trabajo, nos acercamos a la capital”.
Cursó estudios en escuelas públicas, estuvo en un Seminario de la Iglesia, hizo el servicio militar, y finalmente se integró a grupos de danza y folclóricos de la Universidad de Chile donde inició y consolidó lo que sería su carrera como compositor e intérprete de decenas de canciones populares hasta el día de hoy.
Hoy Víctor Jara es un símbolo del canto popular, del compromiso social de los cantautores, de la dignidad y resistencia ante la dictadura y sus canciones son entonadas y conocidas por generaciones de jóvenes.
